La huella islámica de La Latina

La huella islámica de La Latina

El barrio era conocido como la Morería y fue el último emplazamiento de la comunidad mudéjar en Madrid

Presume de ser uno de los barrios más castizos de Madrid, aunque La Latina desconoce su pasado milenario ligado al origen islámico de la ciudad. Fue aquí donde acamparon los primeros musulmanes constructores de la muralla (almudayna). Fue aquí donde se estableció uno de los arrabales musulmanes de Mayrit. Pero sobre todo, fue aquí donde residió la comunidad mudéjar tras la conquista cristiana de la medina en 1085. Se la conocía como la Morería.

Las huellas y vestigios de ese pasado islámico permanecen ocultas o simplemente se las ignora, lo que desvirtúa la historia de La Latina, nombre que deriva del antiguo hospital construido por Beatriz de Galindo a principios del silgo XVI. La Morería se enterró así en el imaginario colectivo de los madrileños, muchos de los cuales desconocen lo que sucedió aquí hace más de 1.000 años.

La Latina se convirtió en un arrabal

Entre los años 852-871, cuando los musulmanes fundaron Madrid y construyeron la almudayna (ciudadela) en la zona de la Catedral de la Almudena, los obreros vivían en el cerro de las Vistillas y cada día cruzaban el arroyo de San Pedro -hoy calle Segovia- para trabajar en la muralla.

Taquilla

Pero la ciudadela se quedó pequeña y surgieron arrabales, uno de ellos en La Latina, hasta que Alfonso VI conquistó Madrid y forzó a los musulmanes a trasladarse aquí. Paso así a ser La Morería, pues a menudo los cristianos se referían a ellos como moros y luego como moriscos. Esto fue así tras la conversión en 1502 de los 250 musulmanes que aún vivían aquí, celebrada en la plaza Puerta de Moros, una de las escasas muestras del pasado islámico en el callejero.

Plaza Puerta de Moros

Su nombre procede de una de las cuatro puertas de la muralla cristiana construida a finales del siglo XI para ampliar la ciudad y proteger a los antiguos barrios extramuros. De aquella muralla se conservan muchos tramos en casas y bares de la Cava Baja, lo que explica que la calle haga una curva al seguir el trazado de la misma, y en solares visibles de la calle Mancebos y calle Almendro.

Una mezquita en la plaza de la Morería

Luego está la calle y plaza de la Morería, lugar que ocupó la mezquita del barrio. Se tiene constancia de su existencia hasta finales del XV cuando fue vendida. Hoy se sigue identificando erróneamente -incluso hay una placa- con la iglesia de San Pedro el Viejo; quizás pueda deberse a su torre mudéjar, construida como si fuera un alminar por los maestros musulmanes en el siglo XIV.

Nada queda de la Casa de Bodas, autentica sede social y cultural del barrio. Ni del hammam que estaba cerca de la fuente de los Caños Viejos, como tampoco de la carnicería halal, a la que los cristianos tenían prohibido acudir salvo que la carne fuera mejor que la suya. Y siempre sucedía así.

Sí queda el trazado de callejuelas estrechas y plazas abiertas, clásico de las morerías medievales con la plaza de la Paja como zoco, aunque pudo serlo previamente de la ciudad islámica. Y es que era común que los zocos dedicados al ganado o agricultura se situaran extramuros.

Lo mismo sucede con la maqbara, el cementerio islámico. Descubierto en 2006 en unas obras cerca de la calle del Humilladero. Se hallaron más de 40 tumbas desde los siglos IX al XV, lo que demuestra que fue el camposanto de los musulmanes desde su llegada a Madrid hasta su conversión. Ese cementerio sigue ahí, en el subsuelo, tapado y enterrado.

Mismo destino que el viaje de agua -llamado qanat o mayra– de la plaza de los Carros, que recientemente ‘redescubrió’ el Centro de Estudios del Madrid Islámico al acceder a él a través de una alcantarilla. Introducidas por los musulmanes, estas galerías subterráneas dieron pie al sistema de abastecimiento de agua de la ciudad hasta la mitad del siglo XIX.

Todo este pasado islámico de la Morería se puede contemplar en el Museo de los Orígenes, también llamado Museo de San Isidro, asentado sobre más de 40 silos o pozos islámicos (antiguas despensas comunales) y que posee una sala dedicada al Madrid andalusí, con piezas únicas de los primeros habitantes de la ciudad.

Este artículo ha sido escrito por Rafael Martínez, periodista y asesor del Centro de Estudios del Madrid Islámico. Desde su web madridarabe.es y a través de sus rutas organizadas, nos propone descubrir la apasionante historia de los orígenes de nuestra ciudad.

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