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Mezquita-Catedral de Córdoba: piedra, fe y controversia bajo un mismo techo

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Córdoba
Foto: Carmen Cespedosa

Un recorrido íntimo para descubrir la complicidad religiosa y el milagro arquitectónico

Texto: Enrique Sancho

Hay templos que se visitan y otros que invitan a detenerse en cada rincón. La Mezquita-Catedral de Córdoba pertenece a los segundos: un bosque de más de ochocientas columnas en el que conviven las huellas de la oración musulmana y del culto cristiano. Trece siglos de historia, arte y disputas han dado forma a un edificio que conserva en su propio nombre la complejidad de su pasado.

Recorrer sus losas es adentrarse en uno de los monumentos más singulares de España. Hacerlo también por sus tejados y cúpulas es una experiencia reservada a muy pocas personas. Al cruzar la entrada, el bullicio de Córdoba y la luz directa del sol quedan atrás. La penumbra obliga a los ojos a adaptarse durante unos instantes antes de descubrir la sucesión de columnas que se extiende por la sala de oración.

Mezquita-Catedral de Córdoba
Foto: Carmen Cespedosa

Son más de ochocientas, realizadas en mármol, jaspe y granito y coronadas por los característicos arcos rojos y blancos, dispuestos en dos niveles. El mismo patrón se repite en todas direcciones. No hay un único punto al que dirigir la mirada: el espacio invita a caminar entre los pasillos y a descubrir sus detalles poco a poco.

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Una catedral rodeada de columnas

El ritmo de columnas y arcos crea una sensación difícil de encontrar en otro edificio. La penumbra y la temperatura interior contrastan con el calor de la calle, mientras la luz entra de forma tenue por distintos puntos del templo. Entre los espacios más llamativos se encuentran la fachada del mihrab y las cúpulas decoradas con mosaicos dorados. Para realizar estos trabajos, el califa Alhakén II solicitó al emperador de Bizancio el envío de un maestro mosaiquista y de las teselas necesarias.

En medio de ese bosque de columnas aparece la catedral renacentista. Su nave luminosa y su bóveda rompen de pronto la continuidad de la antigua mezquita. El contraste permite observar en un mismo recorrido las diferentes etapas de un monumento que figura entre los más visitados de España.

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Mezquita-Catedral de Córdoba
Foto: Carmen Cespedosa

La repetición de los arcos, la amplitud del espacio y la luz tamizada producen una impresión que muchos visitantes describen como espiritual, con independencia de sus creencias. Es una de las razones por las que la Mezquita-Catedral se recuerda tanto por su arquitectura como por la sensación de recorrerla.

De basílica visigoda a mezquita, y de mezquita a catedral

Antes de la construcción de la mezquita, en este solar se encontraba la basílica visigoda de San Vicente. En el año 785, Abderramán I ordenó levantar allí la mezquita aljama de Córdoba. Sus sucesores la ampliaron durante los dos siglos siguientes hasta convertirla en uno de los grandes edificios del mundo islámico.

Tras la conquista cristiana de Córdoba por Fernando III en 1236, el inmueble se consagró como catedral. Se incorporaron capillas y se adaptaron espacios al culto católico, aunque buena parte de la estructura original permaneció en pie. El cambio más visible llegó en el siglo XVI, cuando el Cabildo obtuvo permiso de Carlos V para construir un crucero renacentista en el centro de la antigua sala de oración.

Foto: El Mirador de Madrid.

El conjunto forma parte del Patrimonio Mundial de la Unesco desde 1984. En 2024 alcanzó, según las cifras recogidas en el texto original, un récord de 2,18 millones de visitantes.

Una propiedad que sigue generando debate

La titularidad de la Mezquita-Catedral es una de las cuestiones que más controversia ha suscitado en las últimas décadas. En 2006, el Cabildo inscribió el inmueble en el Registro de la Propiedad bajo la denominación de ‘Santa Iglesia Catedral de Córdoba’, al amparo de la normativa entonces vigente.

Desde entonces, colectivos como la Plataforma Mezquita de Córdoba han reclamado que un monumento declarado Patrimonio Mundial pase a titularidad pública. El debate también ha alcanzado a su nombre y a la forma de presentar las distintas etapas de su historia. La Iglesia defiende la legalidad de la inmatriculación y el Gobierno señaló en noviembre de 2025 que no encontraba motivos para cuestionar la titularidad registral.

El incendio registrado en agosto de 2025 volvió a poner el foco sobre la gestión y conservación del edificio. Según los datos incluidos en el texto original, el fuego se controló en pocas horas y afectó a una superficie limitada del monumento.

Un templo cristiano dentro de la antigua mezquita

Más allá de la propiedad, continúa la discusión sobre cómo interpretar y utilizar un espacio con una historia religiosa tan diversa. Asociaciones musulmanas han criticado que no se permita rezar en su interior y han propuesto distintas fórmulas de gestión o de uso compartido. Desde el ámbito eclesiástico se recuerda, por su parte, tanto la existencia de una iglesia anterior a la mezquita como los siglos durante los que el edificio ha funcionado como catedral.

Parte cristiana
Foto: El Mirador de Madrid

La construcción del crucero renacentista es otro de los episodios que siguen despertando opiniones encontradas. Una tradición histórica atribuye al propio Carlos V una crítica a la obra después de verla terminada: habría lamentado la alteración de un espacio único para levantar otro semejante a los existentes en distintos lugares.

El papel del Cabildo Catedralicio

El Cabildo Catedralicio de Córdoba es el órgano encargado de la actividad litúrgica y de la gestión del monumento. Está integrado por canónigos con diferentes responsabilidades, desde el archivo y la música hasta las obras y la comunicación. Según la información facilitada en el artículo original, lo preside el deán Joaquín Alberto Nieva García; Agustín Moreno se ocupa de Obras y José Juan Jiménez Güeto ejerce como portavoz y responsable de Prensa.

Mezquita
Foto: Carmen Cespedosa

La atención a los visitantes es también una parte importante de su actividad. De acuerdo con las cuentas de 2024 citadas en el texto, la Mezquita-Catedral obtuvo 22.432.764 euros de ingresos y vendió 2.186.774 entradas. A ello se sumaron las visitas nocturnas de ‘El Alma de Córdoba’, el acceso a la Torre Campanario y otros servicios.

Detrás de esas cifras hay tareas que van de la restauración y el mantenimiento a la seguridad, la organización de visitas, la actividad cultural y la conservación del archivo histórico. El Cabildo se ocupa del funcionamiento diario de un edificio que, además de recibir turistas, sigue acogiendo celebraciones religiosas.

Curiosidades y leyendas del monumento

La Mezquita-Catedral conserva detalles que muchos visitantes desconocen. El mihrab no se orienta exactamente hacia La Meca, una particularidad para la que se han planteado distintas explicaciones históricas. La actual Torre Campanario, construida a finales del siglo XVI, envuelve los restos del antiguo alminar de Abderramán III, visibles en su interior.

Córdoba
Foto: Carmen Cespedosa

También abundan las leyendas. La Columna del Cautivo está relacionada con el relato de un joven cristiano que habría grabado una cruz en el mármol. En el Patio de los Naranjos, la Fuente de Santa María, conocida como ‘la fuente del olivo’, mantiene la tradición de que las mujeres solteras que beben de uno de sus caños encontrarán pareja.

Otro relato popular habla de un supuesto túnel entre la Mezquita y Medina Azahara. La llamada ‘leyenda del Ángel’, por su parte, sitúa el origen del edificio en un sueño de Abderramán I. Son historias que acompañan al monumento desde hace generaciones, aunque pertenecen al terreno de la tradición y no al de los hechos comprobados.

Un sistema de cubiertas casi milenario

Sobre la sala de oración se extiende un conjunto de 19 tejados independientes a dos aguas. Cada cubierta conduce el agua hacia un canalón sostenido por la propia estructura del edificio. Así, los tejados y el bosque de columnas forman parte de un mismo sistema constructivo.

Córdoba
Córdoba. Foto: El Mirador de Madrid.

La techumbre original se realizó con madera de alerce procedente del norte de África. En las cubiertas actuales conviven materiales y soluciones de distintas épocas: tejas vinculadas a las etapas musulmana y cristiana, estructuras de madera reconstruidas, bóvedas góticas y elementos incorporados en siglos posteriores.

El privilegio de recorrer los tejados

Subir a las cubiertas de la Mezquita-Catedral supone acceder a una zona que permanece fuera del recorrido turístico. Por ella se mueven los profesionales encargados de conservar el edificio y también tuvieron que hacerlo los bomberos durante el incendio de 2025. Los autores de este reportaje pudieron visitarla con permiso especial, junto a otros miembros de FIJET.

Desde abajo, el edificio parece extenderse horizontalmente entre filas de arcos. Desde arriba aparece otro paisaje: unos 14.000 metros cuadrados de tejados situados a diferentes alturas, con cúpulas, contrafuertes y torreones. Las estructuras de distintas épocas muestran de una forma especialmente clara cómo se ha transformado el monumento durante casi 1.300 años.

Mezquita-Catedral de Córdoba
Foto: Carmen Cespedosa

El ruido de las visitas desaparece en lo alto. Quedan el viento, las campanas de la Torre Campanario y la atención necesaria para avanzar con casco y arnés por los pasos habilitados. El recuerdo del incendio añade otra dimensión al recorrido: las cubiertas ofrecen una vista excepcional, pero también dejan ver la complejidad de proteger un edificio de estas características.

Un espacio abierto a la luz de Córdoba

La diferencia con el interior es inmediata. Abajo dominan la sombra y la frescura; arriba, la luz cae directamente sobre los tejados. Después de recorrer las cubiertas, volver a la sala de oración permite mirar de otro modo los arcos y columnas: sobre ellos se sostiene una estructura de distintas épocas que apenas se aprecia desde el suelo.

Quizá parte de la singularidad de la Mezquita-Catedral resida en esa capacidad de reunir historias diferentes sin que ninguna borre por completo a las demás. Las reformas, las restauraciones, las controversias y el paso de los siglos siguen presentes en el edificio. Y, pese a todo lo que se ha escrito sobre él, todavía consigue sorprender a quien entra por primera vez entre sus arcos rojos y blancos.

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