La Dehesa de Navalvillar se convirtió a mediados del siglo pasado en el escenario de la batalla final de la obra maestra de Kubrick, con un ejército de extras muy especial
El rodaje de ‘Espartaco’ en Colmenar Viejo es, sin duda, uno de los episodios más singulares de la historia del cine en España. En 1959, lo que hoy es un paraje tranquilo en la sierra madrileña, la Dehesa de Navalvillar, se transformó en el campo de batalla donde las legiones romanas intentaron aplastar la rebelión de los esclavos. Con un presupuesto duplicado por el empeño de Kirk Douglas y la dirección meticulosa de Stanley Kubrick, el municipio madrileño acogió una producción de dimensiones colosales que marcó a toda una generación de vecinos y militares.
La película, que consolidó el género del cine histórico y se llevó cuatro premios Oscar, necesitó de un despliegue humano sin precedentes en la región. El ‘hoyuelo’ más famoso de Hollywood consiguió que la Universal pusiera sus ojos en Madrid para rodar las escenas de acción que faltaban en el guion original de Dalton Trumbo. Fue así como el paisaje madrileño pasó a la posteridad convertido en la campiña italiana del siglo I a. C.
El Ejército español a las órdenes de Hollywood
La gran batalla que Kubrick necesitaba para cerrar su epopeya no se rodó en California, sino en suelo madrileño y alcarreño. Para dotar de realismo a las legiones de Marco Licinio Craso, la productora llegó a un insólito acuerdo con el gobierno de la época para que los militares participaran en la cinta.
Según los registros históricos del rodaje, se contrataron a más de 8.000 soldados españoles que realizaban el servicio militar para actuar como extras. La razón era puramente logística: era más eficiente utilizar tropas reales que supieran formar en orden de combate que entrenar a miles de civiles. Estos soldados cobraban apenas ocho dólares al día, una cifra muy atractiva para la época, aunque el trabajo resultó ser una experiencia físicamente agotadora.

Rodaje de ‘Espartaco’ en Colmenar Viejo: legionarios, piojos y censura
A pesar del glamour que se le presupone a una superproducción de este calibre, la realidad a pie de campo en el rodaje de ‘Espartaco’ en Colmenar Viejo fue mucho más cruda. Los uniformes, que llegaron en sacos de plástico, supusieron el primer gran obstáculo para los jóvenes reclutas madrileños.

Estas fueron algunas situaciones que se vivieron durante el rodaje:
- Plaga en el vestuario: los soldados recibieron túnicas y armaduras que estaban infestadas de piojos, lo que obligó a desinfectar todo el equipo con productos químicos.
- La prohibición de Franco: el dictador impuso una condición innegociable para ceder a sus tropas, y es que ningún soldado español podía aparecer muerto en pantalla por una cuestión de orgullo nacional.
- Dureza del set: los extras pasaban horas bajo el frío otoñal de la sierra, algunos de ellos incluso sentados en sillines de bicicleta ocultos para aguantar las largas jornadas de espera en las escenas de las cruces.

Uno de aquellos jóvenes fue Eugenio Rodríguez Robledano, quien en 1959 servía como cabo primero. Su nieto, el realizador Eugenio Rodríguez Rigo, rescató estas vivencias en el documental ‘PEPLUM’.
Rodríguez recordaba la monotonía de las tomas: «Yo iba de centurión en el grupo de la izquierda de cabeza hacia donde estaban los rodillos. Cuando los lanzaban, la formación se rompía y había que repetir». A pesar de que Kirk Douglas no pisó Colmenar Viejo —sus escenas se rodaron en California con dobles—, la huella de la película sigue grabada en el ADN del pueblo.
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