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Llamativos nenúfares en el Real Jardín Botánico de Madrid

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Veintidós ejemplares de nenúfares tropicales se pueden admirar en el Real Jardín Botánico de Madrid

Una selección de 22 ejemplares de nenúfares inunda estos días el Real Jardín Botánico (RJB) de Madrid. Esta colección de nenúfares tropicales procede de distintos países y es fruto de la donación de Tomás Escribano, un experto en el cultivo de esas bellas y exóticas plantas.

Desde 2018 las viene aportando desinteresadamente como parte de su colección privada, y se ubican en el estanque oval de la Terraza de los Bonsáis del RJB. Este año se cuenta, además, con dos ejemplares de ‘Victoria (Híbrido Longwood)‘, con hojas gigantes llenas de espinas y enormes flores blancas nocturnas.

Nenúfares en Madrid

La colección, que se recomienda visitar entre las 11 y las 17 h para ver abiertas el mayor número de flores, permanecerá todo el verano hasta finales de octubre, cuando ya comienzan a entrar en reposo perdiendo sus hojas como el resto de nenúfares rústicos. A principios de noviembre se retirarán los tubérculos tropicales, para recolectar y protegerlos durante los meses de invierno.

El objetivo de esta muestra es acercar los nenúfares a los visitantes del Jardín Botánico y demostrar que estas fascinantes plantas también se pueden cultivar en nuestro país entre los meses de mayo a octubre y en zonas de interior como Madrid.

Ejemplares de nenúfares en el Real Jardín Botánico

Según indica el experto Tomás Escribano, en la colección de este año en el Real Jardín Botánico «hay muchas curiosidades». Por ejemplo, ‘Nymphaea caerulea’, el famoso y erróneamente llamado ‘loto azul de Nilo’: «Un nenúfar lleno de historia que ya fascinó a los antiguos egipcios. Fue venerado y relacionado por sus flores de hábito diurno con el dios del sol Ra».

El cultivador señala además que «se conservan numerosas escenas grabadas en bajo relieves y papiros de los rituales que hacían con este nenúfar». Concluye que: «Se cree que maceraban en vino con sus flores y eso producía efectos de euforia. Contiene sustancias psicotrópicas y se emplea para perfumería por su intenso aroma».

Nymphaea caerulea, nenúfar
‘Nymphaea caerulea’

Además, en el centro del estanque, destaca ‘Nymphaea gigantea Albert de Lestang’, una belleza australiana de grandes y altas flores blancas (hasta 20 centímetros de diámetro).

Espectáculo de colores y formas

La colección está pensada para mostrar los diferentes colores y formas de sus flores, que van desde el blanco, amarillo, naranja, rojo, azul y violeta. Y otro interés añadido es que muchos híbridos lucen hojas atigradas de diferentes colores como ‘Supermoon’, ‘Sex Pistols’’ ‘Tanzanite’, ‘Foxfire’ o ‘L’Amore’, ofreciendo un follaje muy llamativo que se complementa con sus flores.

Aunque la mayor parte de estas plantas son de floración diurna, hay algunas variedades y especies de floración nocturna; es decir, que abren sus flores al ocaso y se cierran sobre las 11 de la mañana del día siguiente, justo cuando el resto comienza a abrir sus flores.

Por ese motivo, Tomás Escribano ha donado ejemplares de híbridos nocturnos como ‘Red Flare’, de bellas hojas rojas, o ‘Nymphaea Missouri’, de enormes flores blancas. Así el visitante más madrugador podrá ver siempre alguna planta en flor.

‘Victoria’, los nuevos nenúfares del Jardín Botánico

La variedad de nenúfares ‘Victoria’ afloró por primera vez el año pasado en el Real Jardín Botánico. «Fue un ejemplar gigante y nuestro reto este año es volver a ver estas impresionantes flores, teniendo en cuenta que el estanque oval no recibe más calor que el del propio sol«, explica Tomás Escribano.

«Resultó todo un acontecimiento para los visitantes que los disfrutaron ‘in situ’, o para aquellos que siguieron el proceso con expectación y emoción en las redes sociales y en los medios de comunicación», añade el experto.

Nenúfares 'Victoria' en Madrid
‘Victoria (Hibrido Longwood)’

El género ‘Victoria’, además del impresionante tamaño que toman sus hojas flotantes llenas de espinas, guarda también otras peculiaridades como la termogénesis. Cuando las flores se abren, se produce dentro de ellas un aumento de temperatura de 10 grados respecto a la ambiental.

Eso hace que su aroma a piña madura se extienda muy lejos, atrayendo en su hábitat natural a un escarabajo tropical de la especie ‘Cyclocephala castanea’. En su afán por alimentarse del néctar, el insecto entra en las flores al abrirse durante su primera noche, cuando la planta es hembra y puede ser polinizada.

Al salir el sol, las flores comienzan a cerrarse atrapando dentro a muchos escarabajos que, en su intento de salir, se cubren de polen cuando a la noche siguiente la flor se abra. Las flores pasan a ser masculinas en su segunda noche, cerrándose totalmente su parte femenina y generando el polen que los escarabajos llevarán a otras flores para hacer una polinización cruzada.

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