Cava Baja La Latina

Las Cavas, un recorrido histórico por las calles con más solera de Madrid

De barrera defensiva a uno de los enclaves de ocio preferidos por los madrileños

Si a día de hoy hablamos de Las Cavas, nuestro pensamiento se dirige directamente a dos conceptos: comer y beber. Tanto la Cava Alta como la Cava Baja se han convertido en los últimos años en una de las principales zonas de ocio de la capital. Y es que, en el caso de la Baja, sus escasos 300 metros dan cabida a, aproximadamente, 50 bares y restaurantes, algunos de ellos con cientos de años de historia a las espaldas.

La Cava Baja, una de las calles principales del ocio madrileño | Andrea Pita de la Cruz

Situadas en pleno corazón del barrio de La Latina, ambas calles siguen un recorrido paralelo, lo que ha hecho de ellas una suerte de pack indivisible y de visita obligada en la capital. La Cava Baja parte de la plaza de Puerta Cerrada y la Cava Alta sale desde la Calle Toledo, desembocando ambas en la Plaza del Humilladero. Pero, ¿de dónde vienen sus nombres? ¿Qué historia hay detrás de estas dos conocidas calles?

Bastión defensivo clave de la ciudad

En el enclave del denominado Madrid de los Austrias, ambas vías eran usadas como minas o pasadizos que comunicaban la villa medieval con el arrabal musulmán durante la dominación árabe entre los siglos IX a XI. Tras la Reconquista, el bando vencedor amplía la muralla que cruzaba Madrid, momento en que Las Cavas pasan a formar parte de la fortificación cristiana que ha llegado hasta nuestros días.

Con la construcción de este nuevo tramo defensivo, la zona de la Cava Baja fue convertida en un foso de agua que bordeaba la muralla para impedir el paso de enemigos puesto que, al ser esta vía un terreno llano, era un punto flaco por el que la ciudad podía ser atacada. De esta función toma su nombre la calle y así nos lo demuestra la escena plasmada en el azulejo que da le da nombre.

Azulejo de la calle de la Cava Baja que ilustra su antigua función como pasadizo y, más tarde fosa defensiva | Foto: Andrea Pita de la Cruz

En el caso de la Cava Alta, al contrario de su calle hermana, no fue transformada en foso en su nueva etapa cristiana, sino que tomó el nombre de ‘Alta’ por su situación topográfica.

Las Cavas, de foso a urbe

A partir del siglo XV, la cava que había sido convertida en foso se desecó y comenzaron a construirse las primeras casas adosadas a la muralla. Con la desaparición del foso, ambas calles tomaron la coletilla de Cava Baja y Cava Alta de San Francisco ya que era el camino a seguir para llegar a la Basílica de San Francisco el Grande, un nombre que estuvo vigente hasta 1835, cuando pasaron a denominarse simplemente Cava Alta y Baja.

Casa Lucio, una de las tabernas más célebres de la Cava Baja | Foto: Andrea Pita de la Cruz

Durante este proceso de urbanización, la muralla fue desapareciendo paulatinamente, quedando oculta entre las casas construidas a ambos lados de ella. En la Cava Baja se encuentran algunos de los tramos mejor conservados de la muralla cristiana, como se puede observar en las fachadas de algunos de sus bares y tascas más emblemáticos.

Punto de encuentro del comercio madrileño

Es a partir del siglo XVII cuando Las Cavas se convierten en un punto estratégico de la ciudad. Principalmente la Cava Baja, la hermana rica, donde empezaron a aflorar toda suerte de comercios, tabernas y posadas, cuyas traseras daban a la Cava Alta. Ambas calles se convierten en punto de encuentro para las diligencias de comerciantes llegadas de ciudades próximas como Toledo, Guadalajara o Segovia, y que acudían con la intención de vender sus productos en los mercados de La Cebada y San Miguel.

Aprovechando este aumento de la afluencia, poco a poco van surgiendo numerosos comercios de artesanos -como latoneros, toneleros o esparteros- que aprovechaban la llegada de los viajeros para ofrecerles sus productos, así como fondas y posadas para darles cobijo. La posada de San Isidro, la del Gallo, la de la Merced, la de las Ánimas o de la Soledad eran algunas de las más célebres entonces. A día de hoy, todavía siguen existiendo posadas de gran nombre como la León de Oro o la del Dragón, ambas rehabilitadas y transformadas en dos de los hoteles con más encanto de la zona.

Tascas de las de verdad

Pero no solo por sus hospedajes se hicieron famosas Las Cavas, también por albergar algunas de las casas de comida más antiguas de Madrid. Es el caso de restaurantes como Posada de la Villa o casa Lucio, con sus legendarios huevos estrellados y situado en el mismo lugar donde antes se encontraba el Mesón del Segoviano.

Cava Baja La Latina

Las Cavas se se convirtieron en una de las zonas con más tránsito, debido a su cercanía con los Mercados de la Cebada y de San Miguel | El Mirador de Madrid

Con el paso de los años, Las Cavas no han perdido ni un ápice de su encanto. Con su bullicio y su naturaleza castiza, son testigo silencioso de las épocas doradas de la capital. Es precisamente aquí, concretamente en el número 42 de la Cava Baja, donde Joaquín Sabina, Javier Krahe y Alberto Pérez graban un disco en directo en el pub La Mandrágora y que lleva el mismo nombre que el legendario pub. En la actualidad ha pasado a ser una taberna vasca que lleva por nombre Lamiak, de aire bohemio donde además de su oferta gastronómica, también se puede disfrutar de exposiciones de fotografía y pintura.

Y es que, las calles siguen conservando su esencia tabernera, con nombres de antaño, escuetos, de los de tomar la caña de pie con el pincho en la otra mano. De esas que nunca duermen.

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