Mural-del-rastro-escena

El mural de El Rastro se resquebraja

Ocupa la pared de un edificio de la plaza de Cascorro y refleja escenas del mercado madrileño

El Rastro solo es visible entre semana, con puestos apilados y decenas de personajes, en el mural de la plaza de Cascorro. 17 metros de altura y casi 5 de anchura muestran el Madrid de los 80 donde el domingo era único, un templo sagrado, y un grupo de ‘parroquianos’ encabezados por Joaquín Sabina nos miran desde esa escena familiar. Una escena que ahora se deteriora.

Mural del rastro general

La pintura mural que adorna la pared medianera de la finca número tres de la Plaza de Cascorro se llamó ‘Cocktail Grand Luxe’. Fue el pintor Enrique Cavestany quien la elaboró en el año 1983 atendiendo al encargo del entonces alcalde de Madrid Enrique Tierno Galván. Es una obra muy popular y emblemática, tanto por donde está situada, en el inicio de El Rastro, como porque representa al famoso mercado madrileño.

Personajes de la movida madrileña

El tema representado es, en palabras del propio artista, el ‘Rastro dentro del Rastro’, que refleja el ambiente de los puestos de la Ribera de Curtidores y recoge las imágenes de un grupo de amigos y familiares del artista entre los que él mismo figura. Pintores, cineastas, cantantes de la época, como Krahe con sus poemas, Tamariz con su magia o escritores como Cela y Sánchez Dragó y un sinfín de personajes célebres de la movida nos saludan desde ese edificio de 1860.

cavestany en el mural del rastro

Incluso el propio Cavestany se autorretrata ante la mesa de trabajo y Manolo Paniagua, fundador de la Mandrágora y vendedor del rastro reposa tranquilamente asentado en su mercado tradicional y rodeado de sus objetos. Una máquina de coser y una vieja radio, junto a una carta al estilo de la publicidad de los 50, anuncian el título de la obra ‘Cocktail Grand Luxe’.

Es una semblanza de vivencias del pintor y constituye un signo identitario que el barrio ha venido representando en la historia cultural de Madrid y pretende plasmar la estética social-realista imperante en una época significativa de la ciudad.

Deterioro del mural

Esta pintura acompaña a los madrileños desde que se realizó pero nunca ha sido restaurada, a pesar de ser un símbolo de este barrio. En la actualidad es patente el deterioro por el paso de los años y los elementos ambientales a los que ha estado expuesto. Sus personajes tienen mala cara y, aunque el propio artista ha tratado muchas veces de recuperarlo, el vacío ha hecho mella en su ánimo.

El color se ha ido desvaneciendo. Cuando se realizó, a nivel cromático, predominaban los colores intensos saturados y puros como los azules, verdes y marrones. El color aportaba a la obra la luminosidad que pretendía infundir el pintor para representar una soleada y festiva mañana de domingo en el Rastro madrileño.

Detalle de Cocktail Grand Luxe'

Pero el aire, el sol, la lluvia, la contaminación, principalmente la derivada del tráfico, y los humos de las calefacciones han desgastado la capa pictórica y algunos detalles son casi imperceptibles. También el agua que discurre por las escorrentías desde el tejado y que arrastra suciedad ha alterado el color.

No obstante, una de las principales causas de degradación del mural son los depósitos de suciedad distribuidos por toda la obra. Debido a la falta de limpieza periódica, el polvo se ha ido quedando sobre la pintura. Existen asimismo grietas y fisuras, llegando algunas a alcanzar la zona media de la pared.

No ha sufrido actos de vandalismo, pero ha sido víctima del ostracismo y la desidia administrativa que se ha desentendido del mural desde su creación, a pesar de haber sido el Ayuntamiento quien lo encargó y por tanto responsable de su conservación y perpetuación en el tiempo.

Cocktail Grand Luxe mural del rastro

Cavestany y el pintor Ángel González Muriel

La historia del mural se sitúa a principios de los 80 cuando el plan de medianerías propulsado por el gerente de urbanismo Carlos de la Guardia y el alcalde de Madrid, Enrique Tierno Galván, entre los años 1982 y 1983, y que comenzó en la zona del casco antiguo de Madrid, llevó a elegir ese edificio para una gran pintura.

Se adjudicó una medianería a cada artista madrileño elegido. A Enrique Cavestany le toca el de la Plaza de Cascorro. Contó con la ayuda del pintor Ángel González Muriel, que se sumó a última hora.

El boceto o cuadro original que sirvió de referencia tenía la misma proporción (2 m x 1 m) que la pintura mural. Estaba formado por dos lienzos y pintado al óleo. Después de sufrir ciertas vicisitudes este boceto se considera hoy definitivamente extraviado.

Detalle deterioro mural del Rastro

Fue realizado por medio de la técnica al seco en la que los materiales utilizados son aplicados sobre el soporte mural ya fraguado y endurecido. El boceto fue traspasado a la pared mediante cartones a tamaño natural. La pintura empleada es acrílica traída de Alemania y aplicada sobre un revoco de cemento.

Texto: Aurora Morillo-Velarde Madrazo (Licenciada en Bellas Artes y Restauradora) y Manuel González.

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