Incendios domésticos en invierno: el uso de calefactores, chimeneas y sistemas eléctricos dispara los riesgos en los meses fríos, cuando muchos incendios se producen dentro de viviendas
Con la llegada del frío, el hogar se convierte en refugio y, por eso, pasamos más horas en casa, encendemos estufas, calefactores y chimeneas, para lo que recurrimos con mayor frecuencia a aparatos eléctricos, sin embargo este cambio de hábitos en invierno tiene una cara menos visible: el aumento del riesgo de incendios domésticos durante estos meses.
Los datos son claros. En España, cerca del 80 % de los incendios que se producen cada año tienen lugar dentro de viviendas. En 2024, esta realidad se tradujo en 172 víctimas mortales en el ámbito doméstico, de un total de 234 fallecimientos relacionados con incendios.

El hogar, el principal escenario de riesgo
Las estadísticas reflejan que el peligro no siempre está donde se espera. El salón encabeza la lista de estancias con más fallecimientos por incendio, seguido de la cocina y el dormitorio. Son espacios cotidianos donde conviven textiles, aparatos eléctricos y sistemas de calefacción que, si no se utilizan de forma adecuada, pueden convertirse en un foco de riesgo.
Los servicios de emergencia coinciden en que durante el invierno se multiplican los incidentes provocados por sobrecargas eléctricas, chimeneas sin mantenimiento, brasas mal apagadas, instalaciones antiguas o estufas colocadas demasiado cerca de cortinas y muebles.

Seis medidas clave para reducir el riesgo de incendios en invierno
Los expertos en seguridad doméstica de ADT, empresa especializada en alarmas y seguridad electrónica, recomiendan reforzar la prevención durante los meses fríos con una serie de pautas sencillas, pero eficaces:
1. Revisar la instalación eléctrica y de gas
Los fallos eléctricos siguen siendo una de las principales causas de incendio. Conviene evitar la sobrecarga de enchufes con regletas y comprobar que la instalación esté en buen estado. Algunos sistemas de seguridad actuales permiten incluso el apagado automático o remoto ante situaciones de riesgo.
2. Mantener correctamente las chimeneas de leña
La limpieza anual del conducto es fundamental. También se recomienda utilizar únicamente leña seca y evitar acelerantes o combustibles alternativos. Es importante respetar una distancia mínima de un metro entre la chimenea y materiales inflamables.

3. Garantizar una ventilación adecuada
Siempre que se usen estufas o chimeneas, la correcta circulación del aire es imprescindible para evitar la acumulación de monóxido de carbono, un gas invisible, inodoro y potencialmente mortal.
4. Usar con prudencia los sistemas de calefacción
Estufas, calefactores y chimeneas deben revisarse cada año por un profesional. Además, no deben colocarse cerca de mantas, cortinas o muebles, ni utilizarse para secar ropa, una práctica habitual pero muy peligrosa.
5. Extremar la precaución en la cocina
No dejar nunca sartenes o cazuelas al fuego sin supervisión es una de las normas básicas. A ello se suma la limpieza periódica de los filtros de la campana extractora, ya que la grasa acumulada es altamente inflamable.

6. Apostar por la detección temprana
La instalación de detectores de humo y monóxido de carbono, especialmente en dormitorios y pasillos, es una de las medidas más eficaces para salvar vidas. Detectar el problema en los primeros segundos puede marcar la diferencia entre un susto y una tragedia.
Incendios domésticos en invierno: detectar a tiempo, la diferencia entre el susto y la tragedia
Desde ADT insisten en que la seguridad del hogar no debe limitarse a la prevención de robos. “Nuestro compromiso es proteger de forma integral a las personas y sus bienes”, explica José González Osma, director general de la compañía.

Los sistemas de alarma con detectores de humo y gas permiten alertas inmediatas, tanto acústicas como visuales, y aportan segundos vitales para reaccionar ante incendios o escapes de monóxido de carbono.
En un contexto en el que la mayoría de los incendios se originan dentro de casa, reforzar la prevención y apostar por la detección temprana se convierte en una responsabilidad compartida, especialmente en invierno, cuando el hogar es más refugio que nunca, pero también más vulnerable.










