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Historia de Madrid

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En el día de San Isidro, patrón de Madrid, repasamos la historia de la capital de España

Texto: Rubén Martínez Valdivielso

En su momento, el célebre escritor Mariano José de Larra, dijo: «Escribir en Madrid es llorar, es buscar voz sin encontrarla, como en una pesadilla abrumadora y violenta». Este escritor, que, junto a Espronceda, Rosalía o Becker, es uno de los grandes románticos españoles, tenía una noción muy personal de lo que significaba la capital española para él. Madrid, la ciudad de los gatos y el cocido, tiene historia y anécdotas dignas de mención.

Se dio modestamente a conocer allá por el año 865, cuando el emir Muhammed I ordenó construir una alcazaba cerca de una pequeña población próxima al río Manzanares. Magerit, que viene a significar algo así como ‘tierra rica en aguas’, estuvo bajo influencia islámica hasta su conquista por el rey Alfonso VI de Castilla el año 1083.

madrid histórico mapaPero en la actualidad quedan pocos vestigios de ese Madrid primigenio. Cerca de la Cuesta de la Vega se encuentran unos antiguos cimientos de la almudaina (o ciudadela). Cuenta la leyenda, que los vigorosos soldados cristianos que tomaron este punto estratégico encontraron oculta entre sus paredes una talla de la virgen con una vela que llevaba encendida nada más y nada menos que cuatrocientos años. A partir de entonces, Almudena sería para los madrileños la advocación más castiza de la virgen María.

Alfonso XI promociona Madrid como sede real

Con el paso del tiempo, la convivencia de culturas al estilo de Toledo se rompió y las Cortes de Madrid de 1329 dieron lugar a una nueva hostilidad con el reino nazarí de Granada. El monarca castellano Alfonso XI empezó a promocionar la villa como sede real.

Sin embargo, puedo arriesgarme con confianza en afirmar que fue a principios del siglo XVI cuando este emplazamiento empezó a ganar importancia. Si bien durante la revuelta comunera de 1520 mantuvo un belicismo dialogante con Carlos I, su hijo Felipe II aprovechó las ventajas logísticas del lugar para trasladarse ahí en 1561. Fue a partir de entonces su lugar de residencia y el centro neurálgico del imperio donde no se ponía el sol.

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Foto: El Mirador de Madrid

Los Austrias

Los Austrias promocionaron el desarrollo urbanístico madrileño dando comienzo así una época de progreso. Este linaje, de origen tudesco, dio pruebas notables de su mecenazgo con el arte, excepto Felipe III, que dejó un tanto que desear en este aspecto.

En 1604 un grave incendio asoló el Palacio del Pardo poniendo en peligro multitud de obras pictóricas. Por fortuna, los responsables del lugar tranquilizaron al rey confirmándole que las obras de Tiziano se habían salvado. Pero otras se habían perdido para siempre a causa de las llamas.

En ese momento, el rey dejó una célebre frase para la posteridad: «pues lo demás no importa, ya se volverá a hacer». En fin, hay que recordar que por aquel tiempo España se vio envuelta en un sinfín de conflictos bélicos, por Europa y por América. Los tercios imponían el respeto a la corona española y al Dios católico allá donde eran enviados.

Los Habsburgo y los Borbones en la historia de Madrid

Los soldados más destacados acreditaban sus logros con un documento oficial que recibían encerrado en una lata bien precintada. Regresaban a la península hasta la capital, con la confianza de conseguir una pensión por sus servicios prestados al reino.

Naturalmente, la cosa no funcionaba. Si había dinero para las deudas de los bancos genoveses, no podía haberlo para sus soldados. D ahí, la costumbre de ver en múltiples calles madrileñas a hombres tullidos con sus respectivos envases protestando y dando la lata. ¿Ya sospecháis de dónde proviene esta expresión?

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Revista Madrid histórico

Con el fin de los Habsburgo y la llegada de los Borbones tras la correspondiente guerra de sucesión, llegó una época de ilustración a la capital del reino. En el siglo XVIII se consiguió dar al lugar una mejor pavimentación, una iluminación nocturna -lo que permitió salir a la calle con mayor seguridad- y la construcción de emblemáticos edificios como la Real Academia de la Lengua Española (1713).

Carlos III, el mejor alcalde en aquel momento de la historia de Madrid

Desde Felipe V hasta Carlos III, promocionaron todo lo posible estas iniciativas. De hecho, este último monarca fue denominado en su momento, ‘el mejor alcalde de Madrid’. Ahora bien, cuando se inmiscuyó en temas como la vestimenta y moda castellana provocó famosos motines como el de Esquilache en 1766.

habsburgo

Incluso, el monarca se frustró con sus ciudadanos cuando le fue imposible llevar adelante un proyecto para crear un alcantarillado en condiciones. Un día legó esta curiosa cita para su biografía: «mis súbditos son como niños, lloran cuando se les baña».

Por cierto, y hablando de higiene, hay que detallar que por aquel entonces la población de gatos era ya considerable y hasta alarmante en muchas calles. Para mitigar este problema se empleó a un grupo de ‘expertos sanitarios’ con el fin de ponerle remedio. En zonas clave, colocaban platos envenenados con una especie de morcilla. Los incautos felinos, cuando cometían el error de hincar el diente, caían por intoxicación. ¡Que os den morcilla!, se decía.

Napoleón

Con la nefasta relación entre Carlos IV y su hijo Fernando VII, entramos en una temporada infame para España y la ciudad del Manzanares. La imposición por parte de Napoleón de su hermano mayor José Bonaparte como rey de España, provocó el odio hacia los franceses y sus aliados nacionales. Así el 2 de mayo de 1808 dio comienzo una guerra de guerrillas sin cuartel, sobre todo, tras la represión que provocaron en toda la ciudad las tropas napoleónicas.

Con el paso de los meses los soldados de la libertad, la igualdad y la fraternidad se vieron forzados a abandonar la ciudad con dirección a Burgos. Con la jura de la Constitución de 1812 por parte del deseado rey Fernando, se pudo disfrutar de un renovado aire liberal.

josé bonaparteSin embargo, este monarca no tenía la menor intención de abandonar sus ideas absolutistas, pidiendo ayuda a Europa para llevar a cabo sus infames intenciones, En 1822 entró en la península el ejército conocido como los cien mil Hijos de San Luis. La población madrileña tuvo que soportar su indeseada presencia y sus excesos durante más tiempo del que hubieran deseado.

Por otro lado, Fernando derogó la que se conocía como ‘Ley Sálica’, propiciando que su hija Isabel pudiera reinar por encima de la preferencia de un varón. Las guerras carlistas se sirvieron en bandeja desde el palacio real.

Revoluciones políticas y sociales en el siglo XIX

Durante el siglo XIX el viejo continente se encontraba inmerso en diversas revoluciones políticas y sociales. España no quedó al margen de ellas, pero como de costumbre fue a su estilo particular. Curiosamente, muchos militares se consideraban liberales y no dudaron en recurrir a sus ‘influencias’ para tomar el poder en el congreso. Los generales Prim y Serrano dan buen ejemplo de ello.

En definitiva, Madrid fue testigo de la orden directa de las desamortizaciones a la iglesia, como la de Mendizábal. Muchos restaurantes pudieron ver a la reina Isabel II comer garbanzos a puñados; la llegada de la I República; la toma de posesión del trono por parte de Amadeo de Saboya, y las negociaciones más fraudulentas entre Cánovas y Sagasta, recurriendo, por supuesto, al famoso pucherazo, que no tiene nada que ver con el cocido madrileño.

puerta de alcalá
Foto: El Mirador de Madrid

Por entonces la época de grandeza y señorío ya quedaba en el ‘quinto pino’, expresión que por cierto fue acuñada en la Gran Vía cuando décadas atrás se plantaron cinco enormes y frondosos pinos (desde Atocha hasta Nuevos Ministerios aproximadamente). Los habitantes solían utilizar estos árboles para concretar el lugar de la cita, siendo el quinto el lugar más alejado del centro de la ciudad, pero, era el punto conveniente para reunirse las parejas de enamorados.

República y franquismo marcan la historia

Por si fuera poco, ya por el año 1882, revistas y periódicos de la época constataban la tradición de tomar uvas enfrente de la Puerta del Sol. Ahora bien, esta era una protesta burlesca por parte de la población más mundana para mofarse de los aristócratas que lo iban practicando tiempo atrás. Gracias a un excedente de la uva en 1909, la tradición se extendió por el resto del país.

En 1919 Alfonso XIII inauguró la primera línea de Metro, por cierto, movido por una sencilla locomotora a vapor. Una década más tarde, Madrid vio cómo se exiliaba el rey, dando inicio la I República y, tiempo más tarde a la fatídica Guerra Civil, convirtiéndose de manera heroica en el Madrid del ‘no pasarán’.

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Foto: El Mirador de Madrid

Con la llegada del franquismo, Madrid se convirtió en la sede principal de mando del generalísimo Francisco Franco, incluso en los mapas y planos se empleaba el meridiano Madrid como central. En los años 60 se pudieron ver los primeros atascos de tráfico en sus principales vías de circulación; en los 70 vivió la transición en primera línea, así como su famosa movida en los 80. Ahora está Madrid Central, el Madrid del fútbol, o incluso el Madrid de la M-30…

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