El antiguo complejo industrial, la Fábrica El Águila consolida su conservación como Bien de Interés Cultural
Los edificios de ladrillo rojo que definieron el horizonte del distrito de Arganzuela y el impulso cervecero de la capital durante décadas constituyen la Fábrica El Águila, que ahora ha sido declarada Bien de Interés Cultural en categoría de Sitio Industrial, por parte de la Comunidad de Madrid. Este reconocimiento ensalza su mérito como una de las infraestructuras más relevantes de la arquitectura fabril madrileña.
Fue diseñada en 1912 por el arquitecto Eugenio Jimenez Corera, quien usó como material el ladrillo macizo, muy característico en arquitectura industrial. La infraestructura, considerada una de las mejor conservadas de la capital, está formada por siete pabellones que aún conservan elementos originales, como sus cubiertas de madera, que fueron testigos del crecimiento industrial de la ciudad.

Fábrica El Águila, Bien de Interés Cultural
Su ahora protección BIC garantiza la conservación de estos elementos y refuerza su papel en el patrimonio histórico. A día de hoy, el inmueble central alberga el Archivo Regional, mientras que el ala oeste acoge la Biblioteca Regional Joaquín Leguina, espacios donde se llevaba a cabo gran parte del proceso de elaboración de la famosa cerveza.
Pero, aunque el reconocimiento sea reciente, desde 2021 ya se podía considerar este edificio como centro cultural. El espacio recoge todo tipo de actividades culturales como cursos, conferencias, talleres o exposiciones que se ofrecen en las dos salas centrales, actividades que pretenden potenciar ese carácter patrimonial tan fundamental.

De desarrollo industrial a protección histórica
En la segunda mitad del siglo pasado, Cervezas El Águila alcanzó una cuota de mercado de casi el 25%, lo que la convirtió en una de las gigantes del sector industrial de España. En específico, la fábrica de Arganzuela concentraba las tareas de maltería, embotellado y almacenamiento en un edificio que retrata el movimiento económico de la ciudad.
Durante la Guerra Civil el edificio fue incautado por el gobierno de la República y posteriormente, tras el conflicto, se recuperó, en un panorama que forzó su ampliación para satisfacer las nuevas demandas productivas.
Acabando los años 60 comenzó el funcionamiento de una nueva planta ubicada en San Sebastián de los Reyes. Ambas se mantuvieron activas durante años hasta que su actividad cesó en la capital a mediados de los 80. Así se mantuvo hasta 1993, cuando se integró en el patrimonio del Ejecutivo regional.

Un icono del avance de Madrid
La antigua fábrica cuenta con estética similar a la de otros grandes edificios industriales de Madrid de finales del siglo XIX, como la fábrica de Mahou que data de 1892, o los almacenes de Tabacalera construidos en 1891. Se trata de infraestructuras que, en conjunto, ilustran el paisaje urbano de una ciudad trabajadora e innovadora que ya dejaba entrever lo que sería el Madrid contemporáneo.
A día de hoy, con sus calderas apagadas y lejos del movimiento de botellas, la Fábrica El Águila aún representa a la memoria colectiva. Su ahora declaración de Bien de Interés Cultural no solo supone la protección de un edificio, sino de parte de la historia urbana de la capital.
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