El riesgo en la conducción no empieza en la carretera, sino al abrir la puerta de un vehículo que ha estado aparcado al sol
Con la llegada de las primeras olas de calor a la capital y el inicio de los desplazamientos masivos hacia la costa, muchos conductores madrileños cometen el error de subir al coche con calor y activar el aire acondicionado a máxima potencia sin realizar una ventilación previa. Según advierte la Dirección General de Tráfico (DGT), este gesto impulsivo no solo es ineficiente para el sistema de climatización, sino que ignora que un habitáculo sobrecalentado puede disparar la fatiga y el nerviosismo al volante de forma inmediata.
Las cifras que manejan las autoridades de tráfico deberían hacernos reflexionar antes de girar la llave. En un día donde el termómetro marca 35 ºC en el exterior, el interior de un vehículo estacionado al sol puede alcanzar rápidamente los 55 ºC. Esta diferencia térmica convierte el coche en una auténtica trampa de calor que afecta directamente a nuestras capacidades cognitivas antes de haber recorrido siquiera el primer kilómetro por la M-30.

El problema real no reside en el funcionamiento del vehículo en sí, sino en las expectativas del conductor. Es habitual pensar que el confort térmico es una cuestión de lujo, cuando en realidad es un pilar de la seguridad vial. La acumulación de aire caliente en el salpicadero y los asientos genera un efecto invernadero que el aire acondicionado no puede combatir instantáneamente si las ventanillas permanecen cerradas desde el inicio.
Cómo evitar el error de subir al coche con calor y sin ventilar, para mejorar tu seguridad
Para garantizar una conducción segura y eficiente, la clave reside en cambiar el orden de nuestras acciones al entrar en el vehículo. La recomendación de los expertos es clara: primero ventilar, después arrancar. Este proceso permite que la masa de aire caliente, que puede llegar a ser sofocante, sea expulsada de forma natural por corrientes de aire antes de forzar el sistema eléctrico del coche.

Para optimizar este proceso, puedes seguir estas pautas:
- Apertura cruzada: abre las puertas o baja todas las ventanillas durante al menos un minuto antes de iniciar la marcha.
- Circulación inicial: durante los primeros metros de conducción, mantén las ventanillas ligeramente bajadas mientras el aire acondicionado empieza a enfriar el circuito.
- Uso del parasol: este accesorio clásico sigue siendo la medida más efectiva, capaz de rebajar más de 10 grados la temperatura interior y evitar que el volante alcance los 80 ºC.
El impacto térmico en la capacidad del conductor
No debemos subestimar el factor humano. Conducir en un entorno con un calor excesivo aumenta hasta un 20% el riesgo de sufrir un accidente, una cifra equivalente a conducir bajo los efectos de ciertas tasas de alcohol. El calor excesivo favorece la aparición de la fatiga, reduce los reflejos y aumenta la agresividad o el nerviosismo del conductor, factores críticos cuando nos enfrentamos a retenciones a la entrada de Madrid.

Según la DGT, la temperatura ideal dentro del habitáculo debe oscilar entre los 22 y 24 ºC. Mantener este rango ayuda a que el cuerpo no sufra cambios bruscos al salir al exterior y permite que el sistema de climatización trabaje bajo un régimen de consumo sostenible, evitando averías por sobreesfuerzo en los días de mayor canícula.
En definitiva, preparar el coche para el verano no es solo revisar el aceite o los neumáticos. Consiste en adoptar hábitos inteligentes desde el momento en que tocamos la manilla de la puerta. Un gesto tan sencillo como expulsar el aire caliente antes de sentarnos puede marcar la diferencia entre un viaje placentero y un trayecto lleno de riesgos innecesarios.
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