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Atardeceres en el Templo de Debod, uno de los planes más relajantes de Madrid

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templo debod nocturno
Templo de Debod en Madrid. Foto: El Mirador de Madrid.

Cuando llega el atardecer en el Templo de Debod , el césped que lo rodea comienza a llenarse para disfrutar de improvisados conciertos en pleno Madrid

Casi cada tarde, con un precioso atardecer de fondo, la zona del Templo de Debod, en Madrid, empieza a vibrar. Con las maravillosas vistas a la ciudad por un lado, y la nueva plaza España por el otro, hay quienes se traen comida, otros se tumban directamente en el césped, y algunos aprovechan para sacar sus mejores dotes musicales

A medida que la tarde pasa y la luz se vuelve más cálida, aparecen turistas, estudiantes que salen de clase y madrileños que ya se conocen la rutina. “Venimos muchas tardes después de clase. Traemos algo de comer, alguien siempre trae la guitarra y al final acabamos cantando mientras vemos el atardecer”, cuenta Marta, estudiante universitaria sentada junto a un grupo de amigos.

templo de debod madridEl ambiente es tranquilo, espontáneo, muy alejado del Madrid ajetreado que conocemos, lo que lo convierte en el mejor plan para olvidarte de las prisas y disfrutar. Sin escenario o programación, sin profesionales, solo desconocidos compartiendo risas y canciones que se mezclan con el ruido de la ciudad.

Atardecer en el Templo de Debod: un templo egipcio en pleno Madrid

La historia del Templo de Debod, es un viaje extraordinario que une la antigüedad con la diplomacia del siglo XX. Aunque hoy es un símbolo de Madrid, su origen se remonta al año 200 a.C., cuando el rey Adijalamani de Meroe levantó una pequeña capilla en honor al dios Amón.

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Con el paso de los siglos, durante las épocas ptolemaica y romana, el recinto se fue ampliando con nuevas salas y pilonos hasta convertirse en el complejo que conocemos, dedicado también a la diosa Isis.

templo de debod aguaEl destino del templo cambió para siempre en 1960 con el proyecto de la Gran Presa de Asuán, cuyas aguas amenazaban con sumergir este y otros tesoros arqueológicos. Ante este peligro, la UNESCO solicitó ayuda internacional para salvar el patrimonio de Nubia. España respondió con entusiasmo enviando misiones arqueológicas lideradas por el profesor Almagro Basch, realizando excavaciones cruciales que permitieron rescatar valiosa información histórica antes de que el Nilo inundara la zona.

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Un regalo del gobierno egipcio

Como muestra de gratitud por este esfuerzo, el gobierno egipcio donó el monumento a España en 1968. El traslado fue una labor titánica: el templo se desmontó en más de 1.300 bloques de piedra que fueron embalados en cajas y transportados por mar hasta Valencia, para luego llegar a Madrid en camiones. Una vez en la capital, los arquitectos se enfrentaron a un gigantesco rompecabezas, ya que las instrucciones de montaje no eran del todo exactas y muchas piezas habían sufrido daños por la erosión y el transporte.

Grafiti templo de Debod
Grafiti en el templo de Debod

Finalmente, el templo fue reconstruido en el solar del antiguo Cuartel de la Montaña, respetando su orientación original para que el sol siguiera marcando los solsticios en su interior. Se inauguró oficialmente en 1972, rodeado de estanques que evocan su antigua vida a orillas del río. Un detalle que suele pasar desapercibido son las inscripciones y graffitis que viajeros y soldados dejaron en sus muros durante el siglo XIX, los cuales hoy se consideran parte de la biografía viva de este pedazo de Egipto en el corazón de España.

Un punto de encuentro por fuera, pero también un museo en su interior, además del atardecer en el Templo de Debod

En los adentros del templo se puede asistir a una pequeña exposición que narra su historia y el proceso de traslado. Con salas que conservan relieves originales y paneles informativos que nos ayudan a imaginar el conjunto en su posición original.

Sin embargo, la mágica ocurre fuera. El parque que rodea el templo se ha convertido en un espacio perfecto para disfrutar de las últimas horas del día. “Aquí es facilísimo empezar a tocar, en cinco minutos ya hay gente cantando”, explica uno de los chicos que suelen acudir con sus guitarras.

Este escenario de libertad y música convive con una preocupación creciente por la salud del monumento. Tras años de deterioro por la contaminación y el clima madrileño, se mantiene vivo el debate sobre si se debe cubrir el templo o mantenerlo al aire libre.

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Foto: Núria Martínez Burgos. El Mirador de Madrid

Mientras los expertos deciden el futuro de estas piedras milenarias, los madrileños siguen aprovechando cada instante como si fuera el último, encontrando el refugio perfecto cuando el sol se acerca a la línea del horizonte.

En ese momento, parece que el tiempo se detiene y las miradas se rinden ante un cielo que se transforma en una mezcla de naranja y violeta, un espectáculo que enamora a todo aquel que lo contempla.

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