Ana Elena Pena, la literatura en las redes

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  • La escritora se ha ganado al público difundiendo sus libros a través de las redes sociales.

  • “Me ayudan a difundir las letras que junto pero también necesito dosis de vida real”.

  • Acaba de presentar su último libro, ‘Cómo salir ilesa de una misma’.

Cercana, natural, con una actitud a caballo entre la dulzura y el descaro, pero sin pelos en la lengua… así es Ana Elena Pena. La escritora visitó hace unos días la librería La Central de Callao para presentar su último libro. En un ambiente distendido, como si de una reunión de amigos se tratase, nos enseñó ‘Cómo salir ilesa de una misma’.

El miedo, el dolor o el perdón son los estadios que recorre la obra, un viaje expiatorio por el que todo el mundo debería transitar. Desde muy joven se despertó en ella la condición de escritora. De cuando en cuando, redactaba pequeños poemas y cuentos, siempre con un característico sello de rebeldía.

Pero no es hasta los veinte cuando esta afición pasa a ser un instrumento de introspección, un aliado para combatir monstruos. En 2011 la editorial Melusina publica su primer libro, ‘Hago pompas con saliva’.

Para las siguientes publicaciones se pasa a la autoedición, haciendo de cada libro una pieza única y especial. Siempre de tiradas cortas ya que, como ella misma afirma, “supone mucho dinero y lo pago todo yo, pero son libros que siguen vivos”.

Así continúa hasta llegar a la editorial Arrebato Libros. Con ellos publicó su obra más aclamada, ‘Vamos a follar hasta que nos enamoremos’, que ya va por su 6ª edición.

‘Cómo salir ilesa de una misma’, de Ana Elena Pena. Fotos: Andrea Pita

“Escribo mirando a los ojos”

Por el camino ha dejado Ana a sus fantasmas particulares. Ellos tiñen las páginas de sus libros, imprimiendo un aura de desgarradora verdad, una realidad cruda y sin tapujos. Tal y como asegura, “escribo mirando a los ojos”. A los de quienes desean ver y sobre todo sentir: “Yo siempre pienso que mis lectores son especiales”.

“La gente lee poco, menos que antes, y parte de la culpa la tienen las redes”, sentencia, “hay incluso quien cree que no le gusta leer, pero eso no es así. Solo hay que dar con un autor de tu agrado con cuyo discurso te identifiques y un tema que te apasione”.

Eso es lo que les sucede a los afortunados que tienen uno de los libros de Ana en las manos. Se compran y se regalan. Una vez los tienes, se beben, te empapan y te hacen suyos. Solo hay que echar un vistazo a la gran acogida que han tenido entre el público. “Me siento muy afortunada”, reconoce la escritora.



La complejidad del mundo editorial

En el panorama editorial actual no resulta fácil  sacar la cabeza. La sobreinformación y la proliferación de autores han hecho de esta industria un maremágnum de títulos donde es difícil destacar.

Según un estudio de Comercio Interior del libro (2015), promovido por el Ministerio de Educación y Cultura, en España se editaron más de 80.000 libros. Un 21% más que en 2014. Toda moneda tiene su cara y su cruz. Es positivo ver crecer una industria tan noble como la editorial, pero la competencia cada vez es mayor.

Aunque Ana no habla más que de su caso, afirma que efectivamente es complicado. Además, entra en juego el componente de que “cada editorial tiene su propia línea y buscan autores que se ajusten a ella”. Así que, el primer consejo que daría a un autor nuevo es que “buscase una editorial afín a él”.

Una realidad digital

Cada vez son más los escritores que comercializan los libros a través de plataformas digitales. Por supuesto con la consiguiente promoción en redes sociales. Ana cuenta con una legión de seguidores de sus escritos en Facebook: “es una práctica habitual, aunque eso no te asegura el éxito, hacen falta más factores”.

Añade que “la competencia es la misma que en la vida real, estás en el escaparate”. Pero gracias a su participación en estas redes ha conseguido hacerse con una porción del mercado literario. Sin embargo, no todo es internet.

En una realidad como la que vivimos donde predomina la digitalización, es neceseario poner los pies en la tierra y desconectar de vez en cuando. “Las redes absorben mucho, necesito grandes dosis de vida real”, dice pero también confiesa que “me ayudan a difundir las letras que junto, ya que de otra manera sería difícil encontrarme o escucharme”.

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