El análisis de los registradores de este martes confirma que el accidente de Adamuz se produjo en menos de 20 segundos, sin posibilidad de reacción para los maquinistas
La rapidez con la que se produjo el accidente de tren de Adamuz (Córdoba), el pasado 18 de enero, entre el descarrilamiento del Iryo y la colisión con el Alvia, anuló cualquier capacidad de respuesta humana o técnica. Así se deduce de la investigación, que ha dado un paso definitivo hoy martes, 11 de marzo, con el análisis de las cajas negras de los dos convoyes implicados: la secuencia completa del siniestro se desarrolló en menos de 20 segundos.
Este hallazgo, comunicado por la Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios (CIAF), aporta la pieza que faltaba para entender por qué fue materialmente imposible evitar una colisión que ya se sitúa entre las más graves de la historia ferroviaria española. La CIAF pone el foco ahora en el fallo eléctrico del motor.

Secuencia del accidente de tren en Adamuz
Los registradores de datos jurídicos, nombre técnico de las cajas negras, son dispositivos esenciales en cualquier investigación de este calibre, ya que permiten reconstruir con precisión milimétrica variables como la velocidad, la presión de frenado y las señales eléctricas de los trenes. En el caso de Adamuz, el informe técnico preliminar revela que el primer síntoma de anomalía se registró pasadas las 19 horas.
En ese instante, el tren de la operadora Iryo circulaba a una velocidad de 205 km/h. Los datos muestran una desconexión eléctrica repentina en su motor principal, un evento que los peritos judiciales y técnicos de la CIAF identifican como el desencadenante de la salida de vía. Desde ese fallo eléctrico hasta que el convoy invadió la vía contraria y fue embestido por el tren Alvia, apenas transcurrieron 15 segundos.
Este escaso margen temporal explica la ausencia de maniobras evasivas. Según el informe, el maquinista del Alvia, que realizaba el trayecto en sentido opuesto, no tuvo tiempo físico para procesar la presencia del obstáculo en su trayectoria. Aunque los sistemas de seguridad de la infraestructura activaron el frenado de emergencia automático, la colisión se produjo de forma casi instantánea, demostrando que, para cuando la tecnología reaccionó, el impacto era ya inevitable.
Investigación en curso
A pesar de la relevancia de estos datos, la investigación no se detiene aquí. La CIAF ha subrayado que este análisis es solo una parte del rompecabezas. En las próximas semanas, los expertos cruzarán la información de las cajas negras con las grabaciones de las cámaras internas de las cabinas y los datos de los sistemas de señalización del tramo afectado.
El foco de atención se centra ahora en dos frentes críticos. Por un lado, se busca determinar qué causó la desconexión eléctrica en el motor del Iryo; se investiga si se trató de un defecto de fabricación o un fallo puntual de mantenimiento. Por otro lado, los peritos están examinando el estado de la infraestructura en ese punto concreto de la red cordobesa, analizando posibles fatigas de materiales o irregularidades en el peralte de las vías que pudieran haber facilitado el descarrilamiento inicial.
La tragedia de Adamuz, que dejó un saldo de decenas de fallecidos y numerosos heridos de diversa consideración, ha reabierto el debate sobre la seguridad en los tramos de alta velocidad y la convivencia de distintos operadores en la red nacional. Las familias de las víctimas esperan que estos informes técnicos sirvan no solo para depurar responsabilidades penales, sino para implementar cambios preventivos que eviten que una secuencia de 15 segundos vuelva a segar tantas vidas.
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